20 March
A lo largo de mi camino como Product Manager y líder del área de producto, he aprendido muchas cosas. He leído sobre frameworks, estrategias de negocio, roadmaps, metodologías… todo eso importa. Pero hay algo que no siempre se enseña en libros o cursos, y que para mí ha sido una de las claves más poderosas para crecer como líder: la inteligencia emocional.
Lo que descubrí sobre liderar personas (y no solo proyectos)
Liderar no es solo asignar tareas o tomar decisiones difíciles. Liderar es tener la sensibilidad para darte cuenta de que detrás de cada historia de usuario, de cada stand-up, de cada entrega, hay personas con emociones, motivaciones, frustraciones y sueños.
Más de una vez me ha sucedido que el equipo me ha comentado que se ha sentido agotado, y no tanto por la carga de trabajo, sino por cómo estaba gestionando yo la presión, y me ha hecho buscar hacer un cambio significativo en mi dirección, mirar hacia adentro y preguntarme: ¿Qué tan consciente soy de mi impacto emocional en el equipo?
Cuando empece entender esto (y aún asi muchas veces me siento incapaz), comence a trabajar en mi inteligencia emocional. No como una tendencia de liderazgo, sino como una herramienta real que hace la diferencia todos los días.
¿y como vivo la inteligencia emocional en mi día a día?
La inteligencia emocional es darme cuenta cuando estoy reaccionando desde la frustración en lugar de la calma. Es reconocer cuándo necesito una pausa antes de responder un mensaje. Es notar cuando alguien del equipo empieza a desconectarse emocionalmente, incluso si no lo dice en voz alta.
Es aprender a ver(me) con más claridad y, al mismo tiempo, entender mejor a los demás. Y en ese proceso, he descubierto que liderar no es solo guiar, sino también escuchar, ajustar y crecer junto con el equipo.
Cómo cambia esto tu forma de liderar
Cuando trabajas tu inteligencia emocional, empiezas a notar cosas que antes pasaban desapercibidas:
• Te das cuenta si un comentario tuyo apagó el ánimo de alguien, y sabes cómo repararlo.
• Sabes cuándo una retro necesita más empatía que estructura.
• Puedes sostener conversaciones difíciles sin que se vuelvan confrontaciones.
• Tomas mejores decisiones porque ya no están tan contaminadas por el impulso o el ego.
Y lo más bonito: el equipo se siente más seguro, más escuchado, más motivado. No por “hacerles sentir bien”, sino porque cuando un líder se regula, el equipo se regula también.
Cómo lo practico (y cómo puedes empezar tú)
Esto no es algo que se domina, es algo que se tiene que llevar a la practica. Te cuento algunas cosas que hago y me han funcionado en más de una ocasión:
• Me detengo al final del día a preguntarme: ¿Cómo estuve hoy con el equipo? ¿Desde qué emoción lideré?
• En reuniones, cuando alguien está callado o incómodo, no paso de largo. Pregunto, observo, dejo espacio.
• Cuando siento que algo me “pica” emocionalmente, no lo ignoro. Trato de entender qué hay detrás.
• Agradezco y reconozco, incluso cuando hay presión o las cosas no van perfectas.
• Leo sobre el tema, hablo con otros líderes, y sobre todo, sigo aprendiendo desde la experiencia.
Un liderazgo que deje huella
Hoy estoy convencido de algo: No lideramos solo con lo que sabemos. Lideramos con lo que somos.
Y lo que somos está totalmente conectado con nuestras emociones y cómo las gestionamos. Puedes tener el mejor proceso del mundo, la mejor estrategia o el mejor producto, pero si no sabes cómo conectar con las personas, tarde o temprano lo vas a resentir.
“Las emociones no deben ser enterradas. Deben ser entendidas.”
– Daniel Goleman
Y tú... ¿cómo aplicas la inteligencia emocional en tu día a día?
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